Enrejados: de las plazas a las canchas de fútbol

             Separar, enrejar, controlar, la nueva lógica en el control de los espacios públicos

 

(Por: Santiago Uliana, Diego Murzi y Sebastián Sustas)

 

 

1. Lógicas compartidas

Durante la 3ra fecha del Torneo Clausura de Fútbol Argentino el Departamento de Investigaciones de Salvemos al Fútbol (DISAF) realizó un relevamiento fotográfico en dos estadios donde se disputaron particos: Vélez Sarfield vs Gimnasia y Esgrima La Plata y Estudiantes de La Plata vs San Lorenzo de Almagro.

Las conclusiones obtenidas tras el relevamiento nos permiten afirmar que el tratamiento que recibe la problemática de la violencia en el fútbol, específicamente respecto a la estructuración del espacio del estadio, comparte elementos de las lógicas organizativas que caracterizan la gestión de la seguridad en otros espacios públicos. Podríamos hablar entonces de un paradigma común en la gestión de la seguridad, tanto en los espacios públicos  como en los estadios. A lo largo del trabajo mostraremos como plazas, parques, edificios públicos, monumentos y estadios de fútbol comparten en materia de seguridad una misma lógica que llamamos separatista. Todos estos espacios reciben por parte de los organismos públicos y medios de comunicación un diagnóstico similar, que los entiende como sitios “amenazados” por la inseguridad, la delincuencia y el delito. Y es a partir de esa lectura unilateral que se proponen resultados concretos en la forma de organización de los mencionados espacios, que finalmente son ordenados y construidos como lugares cercados y controlados.

Las imágenes que ilustran estas ideas y que son presentadas a continuación, nos llevan a cuestionar la validez de esta forma de gestionar la seguridad en los estadios, y nos invitan además a realizarnos las siguientes preguntas: ¿resulta realmente una solución verdadera y valedera al problema de la violencia esta lógica de los alambrados? ¿lejos de disminuir los niveles de violencia esta permanente separación no colabora generando un efecto contrario? y finalmente nos preguntamos si acaso ¿este tipos de respuestas de carácter represivo constituyen formas acordes a una sociedad moderna y democrática?

 

2. Enrejados

En las baldosas se ve pintada la emblemática ronda de las Madres. Es el lugar en donde las Madres de Plaza de Mayo realizan hace más de treinta años su tradicional Marcha de la Resistencia de los días jueves.

¿Libertad?

Hoy un vallado de rejas separa este sitio del frente de la Casa Rosada. Todo un símbolo de los tiempos que corren.

En la imagen siguiente titulada “¿Pasión futbolera?” fue tomada en la cancha de Vélez un sábado de partido. Ah! ese día el local enfrentaba a Gimnasia y Esgrima La Plata, había un partido de fútbol.  

 

 

 

¿Pasión futbolera?

Como así lo demuestran los trabajos realizados por científicos sociales argentinos que han investigado la temática de la violencia en el fútbol, este fenómeno particular que responde a sus propias lógicas, es tratado desde los organismos públicos de  seguridad (COPROSEDE o Policía de la Pcia. de Bs As, etc.) de manera homogénea, similar a lo que sucede con otros espacios públicos.

 

Las nociones de peligro, inseguridad y riesgo estructuran el modelo de seguridad en espacios públicos y en el fútbol. Tanto para los estadios como para las plazas y parques la tendencia en materia de seguridad consiste en separar y aislar.

Separación I                                                               Separación II

Las fotografías aquí expuestas, Separación I (Parque Rivadavia) y Separación II (Cancha de Vélez) permiten observar claramente las similitudes en la lógica de separación imperante en la organización del espacio público. 

 

Las instituciones y actores encargados de velar por la seguridad en las canchas consideran a la violencia en el fútbol como un hecho homogéneo. Se habla de violencia y no de violencias, y ello implica no distinguir la pluralidad de situaciones y los diferentes grados que la violencia puede asumir durante un partido de fútbol. Los organismos de seguridad trabajan sobre la hipótesis de que un partido de fútbol es un hecho violento por naturaleza. De ahí que se exija altos alambrados perimetrales y alambres de púas para evitar entre otras situaciones la “invasión” del campo de juego o que el público arroje objetos a la cancha; se trata de evitar en todo momento el posible contacto, no sólo entre hinchadas rivales sino también entre diferentes “tipos” de hinchas, demarcados por el precio de la entrada que pagaron para ingresar al estadio

El dispositivo de seguridad articula elementos materiales y efectivos policiales. En muchos espacios públicos sucede lo mismo: rejas y policías refuerzan la seguridad, sobre todo en edificios públicos. Veamos esta doble articulación a continuación en fotos.

 

Doble separación I

Aquí se observa la Casa Rosada “presa” del doble dispositivo rejas-policía. En la foto se observa el cercado perimetral con rejas y por detrás una garita con un policía allí apostado. En la foto que continúa la serie se observa la misma lógica de la doble separación aplicada a las canchas de futbol.

 

Doble separación I                                                Doble separación (el otro lado)

 

El alambrado más el personal policial apostado delante de él, ¿trasmiten una imagen de seguridad para los espectadores? En la tercera foto de la serie Doble separación (el otro lado), el dispositivo es reforzado con efectivos policiales dentro del campo de juego.

 

 

En la serie fotográfica que sigue se presentan más imágenes que ilustran la lógica de la separación por rejas en otras plazas y en otras canchas. ¿El objetivo? evitar todo contacto y generar un espacio de máximo control que se realiza desde un aspecto material (las rejas) y otro simbólico, pues las rejas transmiten precisamente esa sensación de mayor control e invulnerabilidad.

 

Tras las rejas I                                                    Tras las rejas II

 

Primero en “Tras las rejas I”, la plaza de Juramento y Vuelta de Obligado en pleno barrio de porteño de Belgrano aparece asfixiada por rejas. En “Tras las rejas II” una imagen similar fue captada en la cancha de Quilmes durante un partido de Estudiantes de la Plata. Dos espacios públicos y una misma lógica, un doble efecto material y simbólico y un mismo objetivo: separar para controlar.

 

Rejas, altos alambrados y alambres de púa son colocados para “prevenir” situaciones de violencia, porque evitarían la invasión del campo de juego o posibles peleas entre hinchadas rivales o que los hinchas arrojen objetos para lastimar a los jugadores contrarios y al referí. Sin embargo, estas medidas tienen un justificativo más profundo, la búsqueda de la trasformación de los estadios en espacios de control, y ello lejos de generar más seguridad construye el fútbol como un escenario violento.  

 

 

3. Los violentos

La barrabrava es el actor dentro del fútbol a quien se le imputa la responsabilidad casi absoluta sobre las situaciones de violencia. Para los ojos de los organismos de seguridad y de los medios ,son los culpables. La violencia desde esta visión es atribuible a causas individuales. En relación a ello hay un segundo elemento que entra en juego que es la pertenencia social. Se trabaja sobre la hipótesis de que quien puede acceder a una platea es menos violento porque pertenece a un grupo social más “civilizado”, y como contrapartida las personas que concurren a la popular y que poseen menores ingresos, aparecen como más violentas y por lo tanto, merecen mayor control porque su origen y falta de cultura y civilidad hacen que sean capaces de invadir o arrojar piedras al campo.

 

El ojo sucio (popular)

Así ve el partido el espectador el encuentro desde su ubicación en la tribuna popular. Alambrados, y banderas entorpecen su visión del campo de juego. La construcción del espectador de la tribuna popular como un sujeto potencialmente peligroso y causante de desmanes, justifica altos alambrados y alambres de púas que no suelen existir en las plateas. Así se elabora y difunde un argumento para generar un control permanente de ciertos espectadores.

 

El ojo limpio (platea)

En esta foto se observa la visión del espectador que concurre a la platea. Vista limpia y sin obstáculos. La posibilidad de no ser juzgado como un sujeto violento por naturaleza lo coloca en un lugar de privilegio que le asegura poder disfrutar de un espectáculo que es ante todo visual.  

 

La lógica de los operativos de seguridad trabaja sobre la idea de que los dispositivos materiales de seguridad, por ejemplo los alambrados, modifican las conductas de los hinchas. Sin embargo los resultados no siempre son los deseados y en muchas ocasiones los altos alambrados funcionan como una suerte de estímulo para la trasgresión. Este tipo de dispositivos se suman a otros que colaboran en la construcción del hincha de fútbol como un sujeto violento, el mensaje es claro :“vos sos violento, hay que vigilarte”.

 

                                                                           Hinchas desafiantes

                                 

Una postal típica del fútbol la componen los hinchas encaramados a los alambrados, desafiando desde las alturas la eficacia de la lógica de los operativos de de seguridad. Numerosos trabajos de los antropólogos argentinos han señalado que la trasgresión forma parte de llamada cultura del aguante, el que se sube al alambrado se arriesga ante las autoridades, las enfrenta y así entonces gana respeto ante sus pares de la hinchada. El alambrado, en este caso, en vez de contener la transgresión la estimula, opera en la práctica como causando el efecto contrario al deseado.

 

4. Otras formas de vivir la pasión

Los operativos de seguridad operan desde una lógica de la homogeneización que supone que el fútbol es un espacio de violencia generalizada y que los hinchas son sujetos dominados por la sin razón y la barbarie. Las siguientes imágenes cuestionan esta interpretación, al mostrar al estadio como un espacio heterogéneo y diverso. De acuerdo a las imágenes se postula que la gestión de la seguridad requeriría estrategias diferenciadas que comprendan y contemplen la diversidad de hinchas que pueblan las tribunas. Familias, niños y grupos de mujeres son hinchas apasionados que formas parte del público presente en los estadios cada semana.

 

Pasión infantil                                                 Esos locos bajitos

 

Los dispositivos desplegados por los operativos de seguridad no contemplan la presencia de los niños en el estadio. Se construye un escenario de violencia generalizada, pero las imágenes aquí presentadas cuestionan esta visión del problema.

 

Desde la cuna te vengo a ver

Una imágenes típica nos muestra la fotografía “Desde la cuna te vengo a ver”; la presencia de familias con sus pequeños hijos exige un urgente replanteo de la concepción de  “seguridad” en los estadios, en donde prima una idea del fútbol como un espacio violento e inseguro.

 

Apuntalar y estimular la presencia de familias y las mujeres en los estadios es una forma de generar formas de autocontrol de los espectadores, la concepción de seguridad debe ser menos policial y más moral. En donde participan mujeres y niños, en general el público sabe que debe comportarse de otra manera, se genera una disminución de la violencia vía el autocontrol y no por dispositivos externos. El contexto y no los alambres de púa debería ser el elemento que inhiba la posibilidad de comportamientos violentos.

A continuación las imágenes muestran la creciente y positiva participación de las mujeres en los estadios, quienes se muestran tan fanáticas y apasionadas por lo colores como los hombres.

 

Apasionada I                                                                   Apasionada II

 

Apasionadas

La marcada presencia femenina ya un “clásico” de las canchas argentinas. Un fenómeno que viene creciendo en los últimos años en los estadios, un hecho que claramente obliga a repensar las políticas de seguridad.

 

5. Conclusiones y acciones futuras

 

·        El estadio de fútbol y el espacio público son pensados como inseguros y amenazados por la delincuencia, violencia y la inseguridad.

·        La violencia y la seguridad en el fútbol debe ser pensada y combatida de modo diferente de como lo es en el espacio público.

·        Parte de las causas de la falta de resolución del problema está en las supuestas soluciones que se impulsan desde los organismos públicos de seguridad. Más, y más altos alambrados no generan un fútbol menos violento.

·        Parte del problema radica en la falta de una visión científica del problema de la violencia.

·        El espacio del estadio es construido como un escenario de violencia por parte de los organismos de seguridad y esta visión, lejos de disminuir la violencia, la estimula.

·        La presencia de mujeres y niños en las canchas generan una suerte de regulación natural más efectiva. Hay que tender hacia esas formas de control de la violencia menos represivas y policiales pero más eficaces porque son morales, donde el contexto imponga lo que puede o no hacerse.

·        Hay que apuntalar elementos festivos del fútbol para instalar una lógica menos violenta que contraste con la que actualmente existe desde los organismos de seguridad y los medios de comunicación.