Jueves 20 de septiembre de 2007

2º FORO ARGENTINA NO VIOLENTA

Dr. Mariano Bergés, ex juez - Responsable de Salvemos al Futbol

 

Agradecemos a las autoridades y responsables del evento esta invitación, porque nos permite brindar, dentro de nuestras posibilidades, la mayor colaboración para establecer bases sólidas tendientes a comprender los fenómenos de violencia en todas sus manifestaciones, con el objeto de reducirla a su mínima expresión.

 

No es tarea sencilla. La Argentina, desde hace muchos años ha evidenciado un marcado incremento de la violencia, sea esta real o simbólica, manifiesta o latente. Incluso, como violencia institucional: graves violaciones a los derechos humanos; pérdida de representatividad de los poderes del Estado y de confianza en la opinión pública; imposición de modelos neoliberales; elevados niveles de corrupción e impunidad; manifiesta especulación financiera con la consecuente destrucción del aparato productivo; en ocasiones criminalización de la protesta social; y pérdida de credibilidad en los valores ético-morales de una República.

 

La violencia ha cruzado la Argentina en los últimos décadas. Sin embargo, habitualmente no hablamos de ella, o tratamos de no hacerlo, salvo cuando nos señalamos como víctimas.

 

El horror de la violencia irracional ha ido adquiriendo categoría casi cotidiana, constituyéndose en un grave problema de la sociedad actual, generando honda preocupación e inseguridad colectiva.

En los últimos años, un nuevo flagelo azota nuestra sociedad: La violencia en el fútbol.

 Los eventos dañinos o destructivos se suceden más a menudo, expresando la existencia de una estructura violenta en la sociedad, generada la más de las veces por la actividad u omisiones de dirigentes de los clubes y de la Asociación del Fútbol Argentino, y permitida por fuerzas de seguridad y organismos de contralor.

 

Junto a esta realidad, afortunadamente también crece la conciencia crítica, alertando sobre el peligro que la violencia representa. Una forma de recuperar la confianza perdida es la construcción de espacios de creación política y participación ciudadana, como Salvemos al Fútbol, recuperando la identidad por solidaridad e influyendo sobre el curso de los acontecimientos, hoy prácticamente automatizados. Ser ciudadano significa sentirse responsable del buen funcionamiento de las instituciones que respetan los derechos del hombre, permitiendo la amplia representación de ideas e intereses, conciencia moral o racional de pertenencia.

 

La conciencia de ciudadanía es lo único que permite reestablecer la unidad de la sociedad quebrantada por los conflictos y la distancia entre las clases sociales, ya que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza.

 

La violencia en el fútbol –como se adelantó- ha ido en aumento. No solo pasa por enfrentamientos entre hinchas rivales, quienes apasionados por los colores de sus equipos entran en una acalorada discusión y terminan a los golpes. Por el contrario, la disputa por el poder interno de las barras, ha producido enfrentamientos que traen como resultados heridos de arma blanca, armas de fuego e incluso muertos.

 

La violencia, también es generada porque el deporte fútbol está perdiendo su esencia, y es enfocado hoy como un negocio, dentro y fuera de las canchas.  Los intereses comerciales de terceros implicados en el negocio, desvirtúan la base del juego y provocan controversias que se solucionan con más violencia.

Y cuando tratamos de buscar una solución a tanto problema de violencia en el fútbol, recurrimos a la justicia, que no atina a resolverlos de una manera efectiva. En realidad, no podemos esperar resultados diferentes a los cotidianos en lo que hace a la Justicia en general, para resolver los problemas del fútbol.

Los clubes, son entidades sociales y deportivas. Por tal motivo deben ser ejemplares tanto ellos como sus directivos, y bajo este concepto, todo el que infringe la ley o se vea envuelto en este tipo de situaciones, habrá de ser sancionado.

 

En Argentina, el problema de la violencia en el fútbol no debe ser simplificado bajo las conocidas frases acerca de que quienes la provocan “son inadaptados”, y otras por el estilo. Se trata –en cambio- de toda una cultura organizada que otorga sentido y legitimidad a las prácticas violentas. Esta violencia responde a contextos mucho más amplios que los planteados ligeramente por quienes son responsables de la organización de los eventos, y de la seguridad.

Es habitual que cuando el ciudadano recurre a los organismos de seguridad y a la Policía para tratar de resolver los problemas internos de un  club, advierte que estos mismos a quienes se les pide ayuda quedan inmiscuidos en el asunto, con lo cual se agrava más el conflicto.

En la medida que se involucran cada vez más  terceros ajenos al fútbol, llámense grupos inversores, patrocinadores, agentes, intermediarios, etc., que no tienen mayor interés en el juego futbolístico, sino en el negocio, el espectáculo se desvirtúa.

El fútbol es un juego reglamentado, en el cual se definen las conductas que son permitidas en el terreno de juego y las sanciones a las que se hacen acreedores quienes violan alguna regla de este código de conducta deportiva. Al existir este reglamento formal, el juego del fútbol pasa a ser considerado un deporte.

 

El deporte es una actividad de carácter voluntaria a la cual se entrega un deportista con el fin de lograr un objetivo: romper una marca, vencer a un oponente, para lo cual ha de someter a prueba sus más altas y superiores cualidades, físicas y emocionales.

Sin embargo, en el contexto deportivo, el daño ocasionado a los competidores opositores consiste en vencerlos dentro del marco de los lineamientos establecidos por cada federación deportiva.

Los días previos a algunos partidos, y muy en particular a una final o los llamados “clásicos”, son frecuentes las declaraciones de directivos, cuerpo técnico y jugadores, a las cuales los medios masivos de comunicación se encargan de magnificar, creando un ambiente de alta expectativa y predisposición –muchas veces violento- para actuar de cierta manera antes, durante y después del juego. Las expectativas están en función de la interpretación que los interesados le den a esas notas periodísticas, y por lo tanto también sus conductas. Los interesados pueden ser los propios jugadores, los directivos y el cuerpo técnico, además del cuerpo arbitral y el público en general. El juego ha comenzado fuera de la cancha.

Durante el mundial de Inglaterra en 1966 surgió un grupo de aficionados simpatizantes del equipo Inglés. Cabezas rapadas y torsos desnudos, además de cánticos injuriosos al equipo contrario y lanzamiento de objetos a la cancha eran algunas de sus principales características: fueron los luego temidos hooligans.

No obstante, en nuestro país, la situación es diferente. La individualidad y soledad de los Hooligans, contrasta con las barras bravas argentinas, que se trata de grupos de personas organizadas, y las más de las veces, con apoyo de directivos de los clubes, y vinculaciones políticas.

 

Se pueden considerar como factores facilitadores para la manifestación de conductas agresivas y violentas, la presencia de miles de aficionados, la ingesta de bebidas alcohólicas, el consumo de estupefacientes, la presencia de simpatizantes del equipo contrario, la importancia del juego, además de las necesidades personales de cada individuo miembro de estos grupos, tales como las necesidades de afiliación, pertenencia, carencias económicas, afectivas y sociales.

No obstante, se percibe en los últimos tiempos, la presencia de interese económicos difusos, que provocan más violencia, porque terceros quieren tener acceso a los dineros que del negocio fútbol pueden obtenerse.

Es decir, aquéllos no son los únicos factores presentes, pues además de procesos psicológicos también están los factores de corte social, político y económico que indudablemente influyen para que se emitan comportamientos agresivos y violentos, no solo en los estadios, sino también fuera de ellos.

 

El problema no es simple, su complejidad exige de una solución de carácter multidisciplinario que atienda cada uno de los posibles orígenes del mal.

 

Existen debilidades institucionales en las instancias encargadas de impartir y procurar  justicia, desde la prevención del delito hasta la ejecución de sanciones.

El fenómeno requiere –entonces- de una estrategia integral, corresponsable entre los Estados nacional y provinciales, la Asociación del Fútbol Argentino –que debe aceptarla- y los municipios. Quizás un mejor marco jurídico, mayor fortaleza institucional, con una selección puntual y adecuada del personal, porque la búsqueda de justicia y la tarea de seguridad solo se puede llevar adelante con hombres sensatos y honestos.

 

La problemática de la violencia en el fútbol, si bien compleja, no parece  de difícil solución, por más que existen opiniones que la disfrazan como un tema complicado persiguiendo o no distintos intereses. El eje central de la cuestión es que los actores no se deciden a terminar con el flagelo. En este orden, independientemente de las proclamas de ocasión, no pueden existir concretos resultados positivos cuando esas proclamas no son acompañadas por conductas encaminadas al fin que se dice buscar.

 

En primer lugar, la Asociación del Fútbol Argentino, integrada básicamente por los directivos de los clubes de fútbol.

 

Luego aparecen las entidades con sus dirigentes y personal, jugadores, árbitros, y los simpatizantes.

A ellos deben agregarse las policías jurisdiccionales y los organismos estatales de supervisión y control.

 

 No faltan leyes ni reglamentos; por el contrario, por momentos uno advierte que se superponen.

 

Los medios de comunicación no han de olvidarse, por la penetración que en el cuerpo social tiene lo que se opina, publica y emite.

 

Una primera visión, que estimamos muy ligera e incorrecta, coloca al problema como relacionado directamente a la situación social imperante en un momento determinado. Esto –indudablemente- tiene vinculación con la mayor o menor virulencia que evidencian los simpatizantes de clubes de fútbol en su conjunto. Pero, en lo que hace a aquellas entidades de mayor convocatoria, la presencia policial –cuyo número se acuerda previamente-, cobra un papel relevante en orden a lograr un adecuado control, supervisión y prevención de delitos dentro y fuera de los estadios.

 

Frente a concretas imputaciones que se formulan cuando suceden hechos –delictivos o no- que conmueven el delicado equilibrio que se logra, cada uno de los actores relativiza la cuestión, la generaliza, y desliga responsabilidad en algún otro.

 

En consecuencia, debe significarse aquí, la profunda hipocresía que existe, o el llamado “doble discurso” que, de continuar, impedirá las mejoras en este aspecto.

 

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA), entidad que reúne a los dirigentes, tiene responsabilidad fundamental, y no puede estar ajena a esta problemática. No se perciben concretos aportes para evitar que los hechos violentos sigan sucediendo, o para lograr una mejora en la situación actual, porque ni siquiera se formulan ante las autoridades correspondientes las denuncias penales y administrativas por acontecimientos que así lo imponen o aconsejan, salvo las absolutamente minoritarias que –precisamente- justifican la regla.

 

En lo que hace a las fuerzas policiales, encargadas de los operativos de seguridad en estadios, si bien no es prudente generalizar cuando se trata de atribuir responsabilidades, se ha probado en distintas investigaciones judiciales responsabilidades penales por hechos concretos atribuidas a la Policía. Es notoria la ineficacia –en general- de los procedimientos policiales realizados en los estadios de fútbol, y por ello debe profundizarse la supervisión de esos operativos. Además, promover las investigaciones necesarias para establecer connivencias con “barras bravas”, controles y dirigentes.

 

Los jugadores, árbitros, simpatizantes en general (no barras bravas) y medios de comunicación, han de intentar colaborar cada uno en la medida de sus posibilidades, para evitar fomentar la violencia o relativizar los temas importantes que hacen a la seguridad de un espectáculo.

 

En cuanto a los órganos del Estado, nacional y provinciales, si bien de manera esporádica se han realizado esfuerzos importantes, ello no ha sido continuo en el tiempo. Sólo  la actividad sostenida y persistente podrá modificar radicalmente conductas y corruptelas  vigentes. La llamada “decisión política” es fundamental, es decir, afirmar como política de Estado, independientemente de los Gobiernos que se van sucediendo, que desde los más importantes estratos de decisión se debe dar prioridad al problema, por tratarse de situaciones de violencia concreta que la sociedad no puede tolerar.

 

Para finalizar, se entiende que la Justicia –como Poder-, se encuentra en deuda, porque también debe hacer su parte, y no se lo percibe. Son muchos los hechos concretos que quedan sin correctos juzgamientos, entre otras razones por “cholulismo” futbolero, falta de conocimiento de lo que sucede en los ingresos a un estadio de fútbol, interior de tribunas y sitios aledaños, negocios de los dirigentes, administraciones fraudulentas, compra-venta de jugadores, etc. Es de esperar que se dejen de lado simpatías y conveniencias, y sencillamente se aplique la ley, respecto de la cual ya se indicó que es abundante en la materia, y satisface sin inconvenientes las necesidades del momento.

 

Salvemos al Fútbol, ha propuesto, entre otras, las siguientes sugerencias:

 

                                                              

A LA CIUDADANIA: que DENUNCIE todo hecho de violencia en el fútbol (incluido los manejos fraudulentos de los clubes en la compra-venta de jugadores, que generan muchísima violencia). Que venza el temor y denuncie. Es notable el miedo que existe entre los simpatizantes para denunciar a dirigentes y barras bravas, lo que evidencia claramente la objetiva situación de violencia que se vive.

 
A LAS AUTORIDADES del Poder Ejecutivo Nacional y provinciales: 
1)  DECISION POLITICA. En este asunto, es esencial que los mayores niveles de decisión 
de los Gobiernos, se comprometan, sin realizar planteos ambiguos;
 2) CONTROL y SUPERVISION  exhaustiva de los operativos policiales;
 3) CONTROL Y SUPERVISION, a través de la Inspección General de Justicia y de la 
Dirección General Impositiva, sobre la actividad de la AFA y clubes afiliados, en lo 
que hace a compra-venta de jugadores menores y mayores, todo tipo de contratos 
vinculados al fútbol, y cumplimiento de sus estatutos en lo que hace al control que a
su vez debe hacer a esos clubes; 
4) INTERVENCION DE LA SECRETARIA DE DEPORTES  en el Tribunal de Disciplina de la AFA,
en lo que refiere a cuestiones estrictamente de seguridad y violencia, como está
 implementado en otros países sin inconvenientes de implementación;
 5) UNIFICACION de la normativa vinculada a la temática. En todas las jurisdicciones 
debe existir el mismo marco legal regulatorio; 
6) Decisión de la Procuración Fiscal de la Nación, para que se realicen profundas
 investigaciones en esta materia, destinando los recursos y el personal (Fiscales) 
a tales fines; 7) QUITA DE PUNTOS, administrado prudentemente; y
 8) DERECHO DE ADMISION a cargo del Estado, Nacional, provincial, como ya se ha
 implementado en la provincia de Buenos Aires.