Los operativos de (in)seguridad en los estadios de fútbol.
(Por; Santiago Uliana, Diego Murzi
y Sebastián Sustas)
Resumen: El presente informe se propone ofrecer herramientas
para comprender el papel de la policía y los operativos de seguridad, como así también,
su rol activo en la generación de hechos violentos. Lejos de culpabilizar a la
policía como única responsable de los hechos violentos, este informe aporta una
mirada que permite comprender la dinámica de la violencia en el fútbol
argentino.
Los desgraciados
acontecimientos del domingo 20 de marzo ocurridos durante el partido disputado
entre Vélez Sarsfield y San Lorenzo de Almagro, que terminaron con el asesinato
del hincha Ramón Aramayo a manos de efectivos policiales, constituyen un tipo
de violencia recurrente en el fútbol argentino. A partir de esta evidencia
proponemos una reflexión científica al respecto, que nos posibilite
comprenderlos para posteriormente intervenir sobre ellos.
A esta
altura de la historia de la violencia en el fútbol argentino, que se ha cobrado
más de 250 víctimas fatales, está claro que el fenómeno alcanza notoriedad únicamente cuando los hechos terminan con muertes
de por medio, porque pasan a constituir un “tema” para los medios de
comunicación; es decir, se vuelven meras mercancías mediáticas. Sin embargo,
existen a diario en los estadios un sinnúmero de situaciones violentas, que no
son percibidas como un problema en tanto la sangre no llegue al río. Entre
estas acciones violentas están aquellas situaciones que involucran al personal
policial, cuyo accionar es parte fundamental de un engranaje violento
articulado desde los llamados operativos de seguridad. Por solo citar un
caso, durante la misma fecha, en el partido disputado entre
Quilmes-Independiente, se realizaron denuncias por represión policial
injustificada sobre los hinchas visitantes[1].
Este
tipo de violencia nos interpela sobre el lugar que le cabe a las fuerzas
policiales para brindar seguridad dentro de los espectáculos deportivos. Es por
ello que presentamos a continuación algunos elementos que ayudan a comprender con
mayor profundidad la dinámica particular de la violencia policial en los
estadios, que se produce en el contexto mayor de las violencias del fútbol
argentino.
La policía, un actor más en un
ambiente de violencias.
En Gráfico 1 podemos observar a partir de qué tipo de enfrentamiento se produjeron
las muertes en el fútbol argentino a lo largo de la historia[2].
La mayor cantidad de víctimas se produjo, como es de esperar, en
enfrentamientos entre dos hinchadas rivales. Sin embargo, en segundo lugar como
responsable o causante de las muertes en el fútbol aparece la policía.
Como vemos, en 1 de cada 4
muertes estuvo involucrada la policía, que es el actor que participa del
espectáculo deportivo como garante de la seguridad de los espectadores.

Para entender las causas de este tipo de violencia, que a partir de lo
dicho se revela muy frecuente, intentaremos algunas explicaciones que aporten
claridad sobre fenómeno.
Las investigaciones de los antropólogos Galvani y Palma[3]
aseguran que la policía en el estadio de fútbol no es vista por los hinchas
concurrentes al mismo como un órgano representante del Estado que legítimamente
interviene para reestablecer el orden. Por el contrario, en la visión de los
hinchas, la policía es considerada como
una hinchada más, como una “tercera hinchada” contra la cual también libran
un enfrentamiento, simbólico siempre, y físico en muchas ocasiones.
Veamos algunos
ejemplos. Ante una situación de conflicto en un estadio como podría
ser una pelea entre hinchadas rivales, suspensiones de partidos cuando hinchas
de un equipo se suben a los alambrados, o el ingreso descontrolado y violento
de una hinchada a la tribuna cuando el partido ya ha comenzado, son todas situaciones
comunes que se observan en las canchas argentinas, que normalmente requieren de
la intervención policial. Sin embargo, cuando la policía interviene los hinchas
no perciben esa intervención como una acción legítima, al contrario, normalmente
consideran a la policía como si se tratara de otra hinchada a la cual hay que
enfrentar. Resultando de esta manera, una pelea de bandos. Asimismo, para estos mismos autores, la policía, a su
vez, también percibe el enfrentamiento con los hinchas dentro de la misma
lógica.
Por otra parte, la relación entre
una hinchada y la policía es mucho más cercana en términos de posibilidades de
enfrentamiento. Son dos grupos que se “cruzan” todas las semanas, a diferencia
de dos hinchadas rivales que conviven en el mismo espacio del estadio sólo dos
veces al año. A esta situación se le suma también, la esencia de la propia
lógica policial, que concibe la relación con los hinchas violentos bajo los
parámetros duales de amigo / enemigo.
Finalmente Galvani y Palma
entienden que para la percepción del hincha “común” que concurre al estadio, la
policía y la barra brava; “son lo mismo pero con distinto uniforme”[4],
porque reconocen en ambos grupos un gusto por la violencia física. Como ejemplo
ilustrativo Alabarces, cuenta que en 1982, el comisario Rodolfo Jusaro, hincha
de Huracán, reprimió salvajemente a la hinchada de San Lorenzo que festejaba el
ascenso en cancha de Velez, “Yo te avisé
que hoy le arruinaba la fiesta a los cuervos” [5]
le dijo al sub jefe para explicar su accionar.
La policía contra el visitante
El Grafico 2, presentado a
continuación, permite observar la relación existente entre las muertes de
hinchas por represión policial y su condición según localía. Aquí se destaca la
gran cantidad de casos en los que las muertes involucran a hinchas en condición
de visitante, 70 %, mientras que la segunda categoría, que comprende a hinchas
locales, trepa al 27 %. Podría decirse entonces, que alrededor de 3 de cada
4 hinchas visitantes mueren por cada hincha local.

Estos datos sugieren que existiría
una cierta complicidad entre los hinchas locales, normalmente mayoritarios, y
la policía. Es decir que la llamada connivencia entre barras y policías es el
resultado de su pertenencia a un mismo territorio, donde códigos compartidos y
negociaciones, son pieza clave para comprender la abrumadora cantidad de
muertes de hinchas visitantes por represión policial.
La existencia de esta lógica
negociadora, como una práctica que caracteriza el accionar policial en el
fútbol, queda refrendada por ejemplo; en el episodio ocurrido durante el
entretiempo del partido Estudiantes de
Historia de la violencia policial
Las muertes por represión policial
en los estadios de fútbol tienen una historia que data de largo tiempo atrás.
Veamos algo al respecto en el
Gráfico 3. Pueden reconocerse claramente dos períodos: primero los comienzos de
la década del 40, y luego los años 80s (que coinciden con la vuelta a la
democracia). En primer lugar, y en términos generales, estas muertes exponen el
rol de la policía como un actor partícipe y generador de hecho violentos que
terminan en muerte. En segundo lugar, estos dos períodos señalados poseen
características diferenciales, a pesar de enmarcarse en el mismo tipo de
enfrentamiento. Las muertes por represión policial de los 40s se circunscriben
en una instancia del fútbol argentino que vivía una concurrencia masiva de
espectadores, y donde la policía solía actuar en rol de doble militancia,
término acuñado por Amilcar Romero[7],
a favor del público local. En cambio, las muertes de los 80s, a pesar de
circunscribirse en el retorno de las libertades
democráticas, aparentan relacionarse con un enfrentamiento a las fuerzas
del orden como el resabio del poder de represión del estado militar. Luego de
los años del proceso de reorganización nacional, no era difícil identificar
para las hinchadas, tanto en el terreno de los imaginarios colectivos como en
el concreto -expresado en la represión-, a la policía como un enemigo al cual
combatir.

En los años 80s, en los estadios
estaba aún instalado el miedo a la policía, como resabio de la dictadura. En
este sentido se puede retomar a Kessler[8],
que dice que los grupos de tareas siguieron funcionando en los 80s con la misma
metodología que durante la dictadura pero legalizados dentro de la institución
policial. En el fútbol, se podría decir que no existía posibilidad de
negociación entre barras y policías en los tempranos 80s, porque la policía era
más intransigente. Con el paso del tiempo, las hinchadas se fueron
profesionalizando e incluso a partir de los 90s cada hinchada tiene un
encargado de hablar con la policía. Y a su vez, la policía entiende a las
barras como actores determinantes del espectáculo, y negocia también con los
hinchas muchas cuestiones de los operativos.
Al respecto, en el Gráfico 4,
podemos observar una línea temporal de las muertes por represión policial, pero
con la particularidad de clasificar las víctimas según su condición de localía.
Así, corroborando la hipótesis de Romero acerca de la doble militancia,
observamos que las muertes de la década del 40 son en su totalidad hinchas
visitantes. A partir de los 80s, las muertes se producen tanto en hinchas
locales como visitantes. Este hecho nos puede indicar, por un lado, la
identificación de la policía como una hinchada más que se inscribe en la lógica
dual de amigo/enemigo, por lo cual, incluso la hinchada local puede identificar
a la policía como fuente de alteridad. Por otro lado, la connivencia entre la
barra local y la policía, producto de la pertenencia territorial común,
comienza a complejizarse. Así, la misma barra local, puede perder el favor de
la comisaría encargada del operativo (por cuestiones económicas, políticas,
etc.), o mantener la protección de su “gente” por medio de zonas liberadas, o
accionar represivo hacia los visitantes. Estos elementos, más que
contrapuestos, conforman una compleja trama de relaciones, donde conviven
dinámicas asentadas en formas particulares de utilización e interpretación ideológica
de la violencia.

Los datos aquí presentados tienen
como objetivo principal cuestionar el lugar que las fuerzas policiales ocupan
en el diseño e implementación de los llamados operativos de seguridad, como un conjunto de medidas destinadas
a prevenir o controlar las situaciones de violencia, pero que históricamente no
lo consiguen. Lejos de intentar encontrar en las fuerzas policiales al único
actor responsable de los hechos violentos ocurridos en el fútbol argentino,
nuestra intención es poder exponer una problemática compleja que presenta
diferentes aristas, una de las cuales puede ser identificada como la cuestión policial.
[1] Ver: http://playfutbol.infobae.com/notas/571180-Denunciaron-que-hubo-represion-policial-en-la-cancha-de-Quilmes
[2] Al igual que en otros informes que hemos
elaborado, se excluyen para la información estadística las muertes de la
denominada “Puerta
[3] Galvani Mariana y Palma Javier, “La hinchada de uniforme” en Alabarces, Pablo (comp.) Hinchadas (2006), Prometeo, Buenos Aires.
[4] Ibid, pág
178.
[5] Alabarces, Pablo, "Crónicas del Aguante.Fútbol, violencia y
política", (pag.103) Capital Intelectual, Buenos Aires, 2004
[7] Romero, Amilcar. “Muerte en la
cancha (1958-1985)”, 1985, Ediciones Nueva América, Buenos Aires.
[8] Kessler, Gabriel. “El Sentimiento de
Inseguridad”, 2009, Siglo XXI Editores, Buenos Aires.