Marzo
2010-03-18
El
Departamento de Investigaciones de SAF (Santiago
Uliana -Diego Murzi-Sebastián Sustas ) profundiza el análisis de la
violencia “intrahinchadas”
Las
muertes que ha generado la violencia futbolística han sido, en lo que va de
2010, casi exclusivamente producto de disputas internas entre barras del mismo
club. El dato no es menor, y viene a corroborar lo que desde el departamento de
Investigaciones de SAF se viene denunciando desde hace ya tiempo: el avance del
fenómeno de la violencia que las barras gestan dentro de si mismas. El
siguiente estudio, suma elementos a ese análisis.
Muertes
emparentadas: la venganza al interior de las barras bravas
Disputas
intrahinchadas: la tendencia se acentúa
El comienzo de un nuevo campeonato en el fútbol
argentino se presenta con la continuidad y acentuación de una tendencia presente
en el último lustro: las muertes producto de disputas al interior de las
hinchadas.
De los casos fatales que últimamente han
enlutado al mundo del fútbol, un porcentaje abrumador corresponde a integrantes
de las barras bravas cuyas muertes aparecen claramente como “bien de cambio” en
las disputas que dos o más sectores llevan adelante por el control de una
hinchada. Parece una consecuencia lógica que, en peleas de poder entre grupos
antagónicos que hacen de la violencia su bien más preciado, los problemas se
resuelvan a través del derramamiento de sangre de sus miembros. El problema es
que todo el fútbol argentino se ve obligado a ser parte de esa lógica y a
actuar como escenario de esa guerra de facciones.
En los últimos tiempos, y con una frecuencia
cada vez más alarmante, hemos sido testigos de estos casos en numerosas
hinchadas. Y la alarma es cada vez mayor porque resulta evidente que en
disputas así nunca está dicha la última palabra.
Las muertes vienen de
a dos
La muerte de Gastón Cáceres ocurrida el 5 de febrero de 2010 fue la primera muerte
del fútbol ocurrida en el año. El joven hincha de Newell`s recibió un balazo
mientras regresaba a Rosario en un ómnibus repleto de simpatizantes luego de
presenciar un partido. Así aislado, el caso puede tener como destino final el
anonimato, la indignación de los medios o el sufrimiento de los cercanos al
fallecido. Las respuestas institucionales oficiales que surgieron ante el hecho
tomaron los carriles usuales. Como ya hemos demostrado en anteriores informes[1],
una forma de vaciar de sentido la muerte de Cáceres, o cualquier otra muerte en
un marco similar, es otorgarle un carácter de crimen ordinario, estableciendo
que el crimen se produce por un hecho puramente delictivo[2],
ajeno al club, y sobre todo al fútbol. El discurso “oficial” tenderá, en la
medida de lo posible, tanto por una cuestión de simplicidad como de respaldo al
status quo, a poner en salvaguarda
los mecanismos de su reproducción. Las muertes, de ser posible, que no sean del
fútbol.
Sin embargo, la muerte de Gastón Cáceres no es
un hecho aislado, ni del fútbol, ni del mundo Newell’s, sino que adquiere un
sentido más nítido si se la presenta hermanada con la muerte de Pablo Gómez. La
muerte de Gómez, también hincha del cuadro rosarino, se produce al finalizar el
2009 producto de una pugna entre distintos grupos dentro de la hinchada de
Newell’s, que al continuar su disputa de poder durante el 2010 ocasionan la
muerte de Cáceres en medio de un ajuste de cuentas resuelto por medio de una balacera.
La segunda muerte de 2010 también se produce en
la provincia de Santa Fe, en este caso en la ciudad capital, donde la víctima, José Mendoza, es un miembro de la hinchada de
Colon de Santa Fé conocido como "El Ceme Ríos". Este hincha caracterizado no era desconocido para el gran público, ya que en Febrero de 2006 fue filmado en
medio de la popular de Colon con un cuchillo en la mano intentando apuñalar a
quien se le acercara durante un partido ante River. La muerte del “Ceme Ríos”
tampoco se encuentra aislada, sino que es parte de una serie de disputas
internas que se vienen sucediendo en el seno de la hinchada sabalera. Uno de los momentos notorios
de esta disputa ocurrió en noviembre del 2008 con la muerte de Daniel López,
producida incluso dentro del mismo estadio santafesino.
Otro caso reciente ocurrió a principios de
marzo, en el marco de una pelea entre miembros de la hinchada de Estudiantes de
El último de los casos ocurrió el jueves 11 de
marzo, cuando Julio Bustos, un barrabrava de Rosario Central, perteneciente a
la facción opuesta a la del histórico líder de la hinchada canalla “Pillín”
Bracamonte, fue baleado en la puerta de su casa. Si repasamos el listado
oficial de muertos del fútbol, podemos ver que a fines de 2007 era asesinado
otro simpatizante del cuadro rosarino, Daniel Margarone, también de un disparo
de arma y lejos de un estadio de fútbol. Margarone era miembro del grupo de
“Pillín” Bracamonte y su propio hermano declaró que el asesinato fue producto
de una interna de la barra.
Las muertes del 2010 se enmarcan así en un
círculo de acciones violentas y venganzas, que son el resultado de las disputas
en las propias hinchadas. En esta lógica
se incluyen también las ocurridas en Junio de 2009 en la hinchada de Huracán y
las noviembre de 2008 y enero de 2009 en la de Unión de Santa Fe.
La venganza como
eslabón de la cadena de violencia
Si existe
alguna característica común en las muertes producidas este año reside en
su capacidad de dotar de sentido a una serie de actos violentos producidos en
un pasado cercano. Es decir, por medio de las muertes es posible entrelazar
disputas latentes y visibles en las propias hinchadas, que sin los eslabones
que producen las muertes podrían ser tomadas como hechos individuales, aislados
del sentido en común que las enmarca.
De tal forma, la utilización de la violencia
efectiva y real por parte de los miembros de las barras bravas para dirimir sus
disputas, parece alcanzar una suerte de causa y efecto, donde ya producida una
disputa, o inclusive una muerte, la resolución (sin duda que parcial y
temporaria, ya que así es el poder de los liderazgos) se produce con un nuevo
hecho violento dentro de la misma hinchada. Al parecer, las formas en que la
violencia, entendida como una forma de relación, se manifiesta en estos grupos
suele seguir una lógica de acción-reacción. Por eso, es normal esperar que los
actos violentos sigan produciéndose en tanto se encuentre en juego el poder de
mando.
Y aquí entonces encontramos una nueva
característica de los hechos violentos vinculados al fútbol: los límites de
intensificación de la violencia parecen haber cruzado las fronteras permitidas
y aceptadas, inclusive para dirimir conflictos internos. En consecuencia, las muertes por enfrentamientos dentro de una
misma hinchada se vuelven posibles y
frecuentes, pero cada una no solamente es relevante por sí misma sino que
prefigura acontecimientos trágicos futuros. Si existen conflictos de poder
entre uno o más grupos al interior de una hinchada, y esos conflictos
desencadenan la muerte de un miembro de alguno de los grupos, es más que
probable que el sector damnificado busque, por intermedio de la venganza,
saldar la deuda de su compañero caído. Y en el mundo regido por la violencia,
toda muerte se paga con otra muerte.
|
nro |
nombre |
club |
fecha |
|
229 |
Daniel Margarone |
Rosario Central |
Nov.2007 |
|
233 |
Daniel López |
Colón |
Nov.2008 |
|
235 |
“Miguelito” Romero |
Unión |
Nov.2008 |
|
237 |
Walter Ramírez |
Unión |
Ene.2009 |
|
241 |
Fernando de Respinis |
Huracán |
Jun.2009 |
|
242 |
Orlando Sosa |
Huracán |
Jun.2009 |
|
243 |
Pablo Gómez |
Newell`s |
Oct.2009 |
|
244 |
Walter Cáceres |
Newell`s |
Feb.2010 |
|
245 |
“El Ceme Ríos” Mendoza |
Colón |
Feb.2010 |
|
247 |
Julio Bustos |
Rosario Central |
Mar.2010 |
[1] “Muertes
en la propia hinchada. Segunda parte” http://www.salvemosalfutbol.com/Muertes_en__la_propia_hinchada2.htm
[2] Para
corroborar esto no hace falta más que ver el comunicado oficial del Club
Atlético Newells Old Boys de Rosario
http://www.ole.clarin.com/notas/2010/02/04/futbollocal/02133641.html