Muertes en la propia hinchada. Segunda parte.
Por Santiago Uliana, Diego Murzi y Sebastián Sustas, integrantes del Depto.
de Investigaciones de Salvemos al Fútbol
En muchas ocasiones un suceso adquiere estatus
de actualidad por el sólo hecho de adquirir
notoriedad. En otras ocasiones la actualidad de un fenómeno viene dada por la
reiteración de hechos de similares características. En este caso particular,
las muertes ocurridas en el día de ayer, luego de disputarse el partido entre
Huracán y Arsenal, se nutre de estas dos
vertientes. Por un lado el éxito del
equipo de parque de los patricios expone masivamente el hecho de dos muertes
producto de enfrentamientos entre hinchas del mismo equipo. Asimismo, este tipo
de enfrentamiento viene siendo noticia en los medios por la reiteración en que
acontece. A las batallas de los quinchos y parque Lezama se le suman
los enfrentamientos entre facciones dentro de una misma hinchada en los clubes
de Unión de Sta Fe, Argentino Juniors, Alte. Brown y Gimnasia de Jujuy. Las
primeras, por ser hechos ocurridos en las hinchadas de River y Boca Jrs adquirieron notoriedad por
su masividad, pero las demás noticias-hechos, nos exponen la emergencia de un
fenómeno que requiere un abordaje diferente.
En nuestro anterior informe sobre este tipo de
enfrentamiento hicimos hincapié en la incapacidad de los operativos de
seguridad de prevenir este tipo de acontecimientos entre las propias hinchadas.
Esto se debía no solo a las características intrínsecas del fenómeno sino a la
imposibilidad de entender la violencia como un fenómeno de índole relacional,
en definitiva una implementación bajo una óptica ideológica que no permite
discernir la dinámica de la violencia en el futbol.

En el Grafico
1 podemos observar la dinámica de las muertes en el futbol argentino según el tipo de
enfrentamiento en que sucede la muerte. Como se puede observar cada fenómeno
(expresado en cada línea de color) tiene un movimiento diferencial. El eje de Y
representa la cantidad de muertos, y el eje de X los años. A medida que nos aceramos al último lustro,
2006-2010, observamos que como así disminuye intensamente las muertes producto
del enfrentamiento entre las hinchadas de equipos rivales comprometidos en el
partido en juego, aumentan progresiva y constantemente las muertes producto de
enfrentamientos entre la propia hinchada y terceras hinchadas no involucradas
directamente en el partido.
Participación
porcentual de las muertes en la propia hinchada.
Con motivo de exponer el crecimiento exponencial
que experimenta el fenómeno de las muertes en la propia hinchada, se puede observar en los Graficos




Como se puede observar el fenómeno de las
muertes producto de enfrentamiento entre la propia hinchada no tenia
participación o peso explicativo en el Grafico
2 del año 1983. En el año 1989, Grafico 3, se observa que la
participación de este fenómeno alcanza el 3% del total de casos. En el año
2001, Grafico 4, alcanza la cifra de
8% de los casos, finalmente en el Grafico
5 observamos que este tipo de
enfrentamiento representa cerca de 1 de cada 5 muertes en el futbol. Este
crecimiento en la participación porcentual de este fenómeno se debe al
crecimiento exponencial producido en el último lustro sobre todo, sin embargo
es un proceso que una vez comenzado ha crecido constantemente.
Categorías y
fronteras. El caso Huracán.
En anteriores informes expusimos los efectos
que las concepciones ideológicas de la violencia causan en la implementación de
los operativos de seguridad[1].
En este caso parece necesario resaltar un aspecto puntual que este tipo de
concepción de la violencia conlleva: el desplazamiento espacio temporal de la
violencia y sus posibles interpretaciones.
En palabras[2]
del ministro de Justicia y Seguridad, Anibal Fernandez, los sucesos del día de
ayer en el que murieron dos hinchas de Huracán fue “hecho ajeno a la seguridad deportiva" y señaló que se trató
de un caso "criminal"
tiempo después de ocurrido el partido y fuera de la cancha (Sic). Como se puede
apreciar las categorías de las que solemos hacer uso para exponer la dinámica y
emergencia de nuevos fenómenos circulan no sólo en el ámbito de la
investigación, sino en los medios y en los propios encargados de la seguridad
en general.
De estas declaraciones se generan dos instancias
de debate. Por un lado la definición de las muertes en el futbol. Por otro, los
límites espacio temporales que los propios operativos de seguridad disponen
para delimitar su incumbencia y responsabilidad de los hechos en el estadio y cercanías.
Creemos que estas muertes están enmarcadas
dentro de una disputa producto de un tipo de relación que se genera a partir de
una identidad construida en común por un grupo de individuos, es este caso hinchas de Huracán. Circunscribir la muerte a una
tipología criminal, es no tener en
cuenta las motivaciones y marco en que se generaron estas muertes. Se podría
asumir como si por ser muertes no relacionadas con el espectáculo deportivo el
operativo de seguridad quedará ajeno del hecho, a salvo de cualquier recriminación.
Asimismo, y más tendenciosamente, como si el hecho al producirse por fuera del
operativo de seguridad del espectáculo deportivo fuera una circunstancia
posible, un cuestión de azar de ocurrir en las calles.
En cuanto al debate de las fronteras de los
operativos creemos que en este caso estas muertes pueden estar efectivamente
por fuera de los horarios y espacios pautados para el despliegue de las fuerzas
del orden durante, antes y después del partido de ayer. Sin embargo, esas
fronteras tienden a hacerse cada vez más amplias, llegando incluso hasta 4
horas antes y después de los partidos en
algunas ocasiones. En definitiva este criterio para delimitar y definir que tipo de muerte es
la que ocurrió no nos parece razonable.
El crecimiento de estos fenómenos de muertes en
la propia hinchada se presenta de forma expuesta por este hecho, sin embargo la
actualidad reside no en estas dos muertes del día de ayer, sino en la creciente
y sostenida participación en las muertes del futbol argentino en los últimos 20
años. La incapacidad de generar espacios
que permitan la resolución de conflictos no por medios violentos es una de las
obligaciones del Estado, así como la implementación de las leyes.