Domingo 18 de Abril de 2010

Cambio o consolidación de los hábitos actuales en el fútbol frente a la discriminación.

Por Santiago L. Nogueira.

La reciente denuncia de discriminación por parte del defensor xeneize, Breyner Bonilla, vuelve a poner en escena la problemática de la discriminación en el fútbol argentino. Frente a las cámaras de televisión, y sin poder contener las lágrimas, Bonilla acusó a Esteban Fuertes (un histórico delantero de Colón de Santa Fe) de haberle dicho “negro de mierda”.

Este episodio vuelve a resaltar las condiciones del ambiente, que al no condenar este fenómeno, contribuyen directa e indirectamente a que se sigan reproduciendo eventos similares cada vez con más frecuente. Las cámaras de televisión captaron los reiterados cruces verbales entre el defensor colombiano y el atacante del equipo santafesino, sin embargo, esto no pareció relevante de modo que diarios, radios y programas de televisión prefirieron priorizar la crisis futbolística e institucional de Boca, la cual implica sucesos aparentemente ineludibles para poder captar una atención masiva por parte de la audiencia. El problema es que el silencio de los medios al respecto tiene como consecuencia desconocimiento e impunidad frente a la violencia simbólica típica de estos actos. Debieron prácticamente 2 semanas para que se haga público y masivo este evento, que reiteramos, había sido transmitido por televisión en vivo y en directo para millones de personas. El aparato mediático masivo debe explicitar estos hechos, dejarlos fuera del conocimiento público es no darles existencia, y de ese modo no podrán ser evaluados y sancionados, dejando inalterables las condiciones para que vuelvan a reproducirse, una y otra vez.

Respecto al mundo institucional del fútbol, la AFA debe tomar cartas en el asunto. Ya citó a declarar a los dos jugadores mencionados, y el INADI sigue de cerca el curso de las acciones. Los antecedentes previos, que desde este espacio ya hemos descrito y analizado, generan expectativas muy cautelosas a la hora de esperar un esclarecimiento de lo sucedido que merezca una sanción ejemplificadora intentando corregir este fenómeno que parece agravarse con frecuencia inusitada. Se presenta entonces, una nueva oportunidad para empezar a cambiar los hábitos hasta ahora conformados y generar una nueva disciplina que definitivamente contribuya progresivamente a la desaparición del racismo, la discriminación y la xenofobia de las canchas argentinas. Es un primer paso para establecer nuevas reglas del juego frente a un fenómeno que si se manifiesta en las canchas, es porque se manifiesta en toda la sociedad.

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Viernes 31 de julio de 2009  Discriminación, racismo y xenofobia en el fútbol argentino: un problema de toda la cancha y más allá

Por Santiago L. Nogueira

I / Jugada peligrosa: cómo se expanden la discriminación, el racismo y la xenofobia en el fútbol argentino.

“A River le pasa esto porque quiso contradecir la historia. ¿Cuándo se ha visto que los negros dirijan a los blancos?” Hace 26 años, en un programa televisivo similar a lo que hoy sería “Fútbol de Primera” el periodista Pepe Peña lanzó aquella afirmación. Según su interpretación, el club de Nuñez no gozaba de buena salud deportiva por haber contratado como director técnico a un hombre de color negro: Didí, un ex jugador brasileño. Muchos señalan ese episodio como el primer antecedente de discriminación en el fútbol argentino.

Actualmente, las manifestaciones de ese tipo en este deporte son más variadas y extensas. Discriminación, racismo y xenofobia van ganando terreno, extendiéndose por todo el espectro que compone al mundo del fútbol. Hinchas, jugadores, entrenadores, árbitros y directivos: todos forman parte de esta escena. Podemos identificar situaciones de este tipo en diferentes localidades de nuestro país, desde Capital Federal, pasando por Buenos Aires, Jujuy  y Córdoba.

Cánticos de las parcialidades, banderas, insultos durante los partidos y declaraciones a la prensa antes y después de los partidos. Son estas distintas formas en que esos tres fenómenos sociales logran introducirse en el fútbol argentino. Estas manifestaciones racistas pueden rastrearse con mucha anterioridad en el fútbol de Europa, por ejemplo. En nuestro país, estos acontecimientos son de tipo más reciente, pero sin embargo parecen propagarse y repetirse a gran velocidad. A continuación, se presentan algunos ejemplos al respecto para empezar a generar conocimiento al sobre la temática.

II / Episodios que involucran a directivos del fútbol argentino

Para iniciar nuestro recorrido, un antecedente lejano en el tiempo que se puede mencionar remite a las declaraciones del entonces vicepresidente de River Plate, Alfredo Davicce, a la desaparecida revista Mística. El entrevistado asoció despectivamente a los ciudadanos bolivianos y paraguayos con la parcialidad de su clásico rival, Boca Juniors. Esto aconteció en el año 2000, en el mes de Julio. Este hecho fue denunciado por el Centro de Denuncias contra la Discriminación.

Una situación similar se dio en Abril de 2003 con otro dirigente del fútbol argentino. Julio Grondona, presidente aún vigente de la AFA, afirmó que “no hay árbitros judíos porque no les gustan las cosas difíciles”. Luego de aquello se arrepintió de lo manifestado, debió brindar testimonio en la justicia y presentarse a una audiencia de conciliación donde sus disculpas fueron aceptadas por representantes de la comunidad judía.

Un episodio mucho más reciente nos lleva a la provincia de Jujuy. El 19 de Septiembre de 2008 jugaban el equipo local, Gimnasia contra Argentinos Juniors. Al finalizar el partido, el presidente de la institución jujeña ingresó al campo de juego para reclamarle al árbitro Saúl Laverni por algunas decisiones tomadas durante el transcurso del juego. En medio de la discusión, Laverni le habría dicho a los jugadores locales, según Ulloa, presidente de Gimnasia de Jujuy, “dejen de molestar, bolivianos”. Lo insólito del hecho radica en que, más allá del presunto comentario xenofóbico del árbitro, el propio dirigente lo interpretó como un insulto, en lugar de condenar el comentario, que según Ulloa, habría sido expresado por el árbitro,  quien igualó la condición de ciudadano boliviano con un insulto. La cuestión se elevó a un tribunal disciplinario de la Asociación del Fútbol Argentino.

Ulloa, presidente de Gimnasia Jujuy, le reclama al árbitro Laverni. Diario Olé.

III / Episodios que involucran a jugadores del fútbol argentino

En 1998 un jugador colombiano llegaba a Rosario Central, Francisco Cassiani. Luego de un partido declaró ante los periodistas: “En la cancha me escupen y me dicen negro”. El propio Cassiani dio los nombres de los presuntos agresores, quienes negaron rotundamente tales acusaciones. Años antes, por 1994, Héctor Enrique afirmaba, en la revista El Gráfico, que algunos jugadores “te dicen negro villero o cosas parecidas”. Muchos jugadores reniegan de asuntos de este tipo, argumentando que tales cuestiones “deben quedar dentro de la cancha”, o se escudan en la conocida frase “son códigos del fútbol”.

Un tiempo después, más precisamente en el 2005, un incidente similar sucedió en el club de la ribera, Boca Juniors. Un jugador brasilero, Baiano, acusó ser discriminado por dos de sus compañeros. Los dichos fueron realizados cuando el regresó a su país, y todo quedó en un polémica más recogida por los medios, y en las quejas de sus ex compañeros por haber hablado con los medios y no en privado con el grupo de jugadores del plantel.

Quien denunció haber sido discriminado de manera formal y ante la justicia  fue otro colombiano: Gerardo Bedoya. En Octubre de 2001 el entonces jugador de Racing Club sostuvo ante el INADI, que recibió insultos por parte de los integrantes del banco de suplentes de Colón de Santa Fé durante el desarrollo de un partido entre ambos en la cancha de este último equipo. Al ser el Instituto mencionado quién encabezaba el reclamo, el demandante formal del hecho era el propio Estado Nacional.

IV / Episodios que involucran a las hinchadas del fútbol argentino

Llegaba el final del mes de Abril del año 2005, cuando en la provincia de Córdoba, el equipo local de Talleres recibía al Gimnasia jujeño. El partido era un jueves por la noche y parecía un partido más hasta que unas banderas empezaron a flamear en la tribuna local. Unas banderas con los colores del anfitrión llevaban impresas en el centro cruces esvásticas. El partido siguió su transcurso normal y no implicó en ningún momento la suspensión del juego. Las autoridades competentes de  la AFA, en reacción a los hechos, condenaron la actitud de los hinchas, y sancionaron económica y reglamentariamente al club (le asignaron un par de amonestaciones). No hubo quita de puntos. El INADI inició una causa judicial, y la policía cordobesa buscó responsables. Días después se supo que dos menores de edad eran los portadores de las banderas. Según el padre de uno de ellos dijo que llevaban la bandera “porque daba suerte”… La investigación, luego sin novedades, intentó identificar a los incitadores del acto.

Banderas nazis en la hinchada de Talleres (Cba.) Diario La Nación.

Ese mismo año, otro club sancionado por actitudes de sus simpatizantes fue Sarmiento de Junín, equipo de la Primera B Metropolitana: en un partido frente al equipo de Atlanta (identificado con la comunidad judía de Villa Crespo), se escucharon canticos anti-semitas y se exhibió una bandera con la leyenda “Más que blanco, blanco Atlanta”, en referencia al slogan publicitario de un jabón en polvo.

En Mayo, también de 2005, una agrupación aborigen de la provincia de Chubut, repudió a la parcialidad de Atlético Rafaela por haberle gritado “mapuche” a un jugador del equipo de la CAI. La nota de repudió fue elevada a la AFA, al propio club de Rafaela y al INADI. Su reclamo se basó en la propia Constitución de la Nación, pero jamás se tuvo novedades respecto a esta denuncia.

Hay un antecedente mucho más reciente: Marzo de 2009, Independiente recibía a Boca en cancha de Huracán. Para el segundo tiempo la parcialidad local recibió al equipo visitante con banderas de Bolivia y Paraguay, que para hacer clara alusión a la parcialidad xeneize, llevaban pintado el número 12 en el centro (“La Doce” es el nombre que caracteriza a la hinchada de Boca). A las banderas, se le adjuntaba una canción: “…hay que saltar, hay que saltar, el que no salta es de Bolivia y Paraguay”… Al contrario de otros antecedentes, aquí existieron y se comunicaron fallos judiciales. Una comunidad boliviana residente en la Argentina presentó una denuncia por discriminación y fue desestimada: representantes de la Justicia Federal adujeron que si bien los cantos eran ofensivos, no significan un impedimento de los derechos y garantías aseguradas por la Constitución Nacional. El INADI también tomó cartas en el asunto: citó a declarar al árbitro del partido, Sergio Pezzotta, a quién le recriminó no haber suspendido el partido. El club de Avellaneda se desligó de lo sucedido y prometió iniciar una investigación interna. Finalmente, luego de reuniones, pedidos de disculpa y mesas de diálogo, todo se resolvió en un simple apercibimiento de la AFA a Independiente, que ni siquiera significó una sanción económica.

Diario Olé

Imagen de la televisión.

 

 

 

 

 

 

 

Diario Crítica de la Argentina

V/ Un problema que demanda la aplicación de la ley del último recurso: tarjeta roja a los infractores.

Hemos presentado algunos antecedentes de esta forma de violencia que se extiende en nuestro fútbol y que consiste en las expresiones y prácticas discriminatorias, racistas y xenofóbicas por parte de todos los sectores que hacen al “mundo” del fútbol argentino. Seguramente hay muchos más casos, pero que en la economía de los medios no tienen lugar asignado para su publicación y difusión. Aún los casos que se pudieron detectar no cuentan con un espacio acorde a la gravedad de los hechos y a la necesidad de discutirlos por parte de la sociedad y no solo la comunidad del fútbol.

Una primera cuestión que emerge, ya se mencionó en el párrafo anterior: la problemática analizada atraviesa a todos los actores que hacen y rodean al fútbol. Hay discriminación en el campo de juego, (jugadores y árbitros), entre los que ocupan roles institucionales (dirigentes) y desde los propios espectadores (hinchadas). Es un problema que se extiende sobre todo el conjunto y no sobre un grupo particular del total de los protagonistas: es un problema de la sociedad. Podría ser más sencillo prestar atención a lo que sucede exclusivamente desde las gradas y las plateas, escuchar los insultos y leer las banderas, entonces luego decir que el problema de la discriminación proviene de quienes algunos identifican como los “inadaptados de siempre”. Una lectura tal simplifica el problema de manera peligrosa, y termina por ignorar que todos los que participan en el fútbol son parte de la sociedad, tienen distintos roles en ella, contraen hábitos y prácticas que luego trasladan al fútbol y viceversa. Discriminación, racismo y xenofobia son problemas sociales extendidos, sucede que al parecer, encuentran un ámbito privilegiado en el fútbol para ejercerse y desplegarse. El quid de la cuestión, radica entonces, en averiguar por qué acontece tal orden de cosas.

La cuestión es compleja y extensa. Sin embargo, podemos esbozar aquí un posible sendero para recorrer y comprender la trama qué hace del fútbol un espacio para que esos tres fenómenos sociales emerjan.

A primera vista, la cuestión de la vigilancia y sanción social parece ser una variable que puede ayudar a comprender nuestra interrogación. De los episodios que hemos descrito, prácticamente ninguno recibió algún tipo de sanción punitiva legitimada por organismos de la justicia nacional: todos los incidentes que involucran discriminación, racismo y xenofobia suelen extinguirse impunemente, sin condena judicial ni social. Y si la tienen, parece no ser un tema para difundir mediáticamente, para que el grueso de la sociedad se notifique al respecto. El seguimiento y desenlace de estos asuntos, al parecer, no despierta la inquietud e interés de gran parte de la sociedad.

La ausencia de sanciones judiciales que condenen formalmente los hechos, sumado al desinterés social de que así sea, atentan contra cualquier tipo de acción que se inicie contra los responsables de estos hechos violentos. Por eso, aún con la intervención de organismos como el INADI será insuficiente: necesariamente es la justicia ordinaria quien debe encargarse de reparar los daños sufridos por el tejido social a partir de actos discriminatorios, racistas y xenofóbicos.

Por último, existe un agravante que debe ser incluido en el actual análisis. Debemos retrotraernos al mes de Mayo de 2005, a una decisión judicial, tomada luego del incidente, que aquí presentamos, de las banderas con cruces esvásticas en el partido de Talleres de Córdoba vs. Gimnasia de Jujuy. Fue a raíz de aquel incidente que el  Consejo Federal de Seguridad dictaminó que todos los partidos del fútbol debían ser suspendidos si se registrara durante su transcurso cualquier tipo de manifestación gráfica de racismo o de discriminación, y también de cánticos que inciten a comportamientos violentos. Esto es lo que marca el artículo 14 de la Ley 11.929.

A pesar de existir una normativa vigente que sancione hechos de discriminación, racismo y xenofobia en el fútbol, no se ejercita. Si bien no es un fenómeno constante en nuestro fútbol, es necesario corregir estas conductas antes que se generalicen aún más y se tornen más peligrosas y dañinas. No todos los actores involucrados en la escena del fútbol local tienen las mismas responsabilidades, pero aquello tampoco es justificativo de nada; sin embargo, deben ser los protagonistas directos, jugadores, árbitros y dirigentes, los primeros en dar el ejemplo y asumir un comportamiento que condene y rechace cualquier tipo de práctica relacionada con la violencia analizada.

La solución no parece estar en sanciones más duras para los responsables, sino en aplicar las leyes vigentes y realizar rigurosos controles de seguridad que eviten cualquier tipo de incidentes de discriminación, racismo y xenofobia en los estadios y alrededores. Los actores responsables, tanto el Estado como los clubes de fútbol y las distintas asociaciones que los nuclean, deben aplicar sanciones a los incidentes que emerjan y que provengan tanto de sus empleados (árbitros, directivos y jugadores) como de sus seguidores. El cumplimiento de la Ley y el establecimiento de castigos acordes a los daños cometidos, son necesarios para dejar en claro que la discriminación, el racismo y la xenofobia, no pueden ni deben ser tolerados en el ámbito del fútbol.